Gloria del sentimiento

1850

¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza!¡Qué gallardo su andar, su voz qué suave!Rasgos los cielos son de su belleza,pasos los siglos de su marcha grave;la voz de la inmortal naturalezade sus conciertos la sonora clave,su acento arroba, su mirar abrasa,tiembla el mundo a sus huellas cuando pasa.Yo me enamoro dél: pobre doncellaa la ardiente pasión esclavizada,la sangre a mi cerebro se atropellaa su paso, a su canto, a su mirada;medito y me consumo con la estrella,por el trueno me siento subyugada,y al ver al tiempo transcurrir ligerosufro, lo lloro, clamo, desespero.Seres tranquilos vi sobre la tierraque esta ansiedad febril nunca padecen,ni están con los espíritus en guerra,ni en éxtasis de amor se desvanecen:cuatro páginas ¡ay!, su libro encierra;nacen, medran, se nutren, envejecen,y como nada amaron ni sintieronnunca se mueren porque no vivieron.Repose en paz el corazón heladoyo quiero ver lucir tu sol ardiente,vagar tras de tu voz por el collado,beber tu aspiración en el ambiente:¡quiero mirar tu ceño en el nublado,tu sonrisa en la luna transparente,en las corrientes aguas tu armoníay tus halagos en el alma mía!...Ese es el solo bien del sentimiento,la sola dicha de la triste alma,la sola gloria del mayor talento,del martirio mayor la sola palma;llevar por adorarte el sufrimiento,por comprenderte renunciar la calma,de la pasión en el delirio ciegoser desgraciada por sentir su fuego.Sé que al cantarte en mi ilusión suspensala trova que mi boca te improvisa,de los pueblos tendrá por recompensadesdeñosa y sarcástica sonrisa:su atmósfera pesada, oscura y densano dejará volar tan dulce brisa,pero en el valle puro en que la exhalosirve a las soledades de regalo.

De la obra poética de Carolina Coronado, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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