A una estrella
1838
¿Quién eres tú, lucero misterioso,Tímido y triste entre luceros mil,Que cuando miro tu esplendor dudoso,Turbado siento el corazón latir?¿Es acaso tu luz recuerdo tristeDe otro antiguo perdido resplandor,Cuando engañado como yo creísteEterna tu ventura que pasó?Tal vez con sueños de oro la esperanzaAcarició su pura juventud,Y gloria y paz y amor y venturanzaVertió en el mundo tu primera luz.Y al primer triunfo del amor primeroQue embalsamó en aromas el Edén,Luciste acaso, mágico lucero,Protector del misterio y del placer.Y era tu luz voluptüosa y tiernaLa que entre flores resbalando allí,Inspiraba en el alma un ansia eternaDe amor perpetuo y de placer sin fin.Mas ¡ay! que luego el bien y la alegríaEn llanto y desventura se trocó:Tu esplendor empañó niebla sombría;Sólo un recuerdo al corazón quedó.Y ahora melancólico me mirasY tu rayo es un dardo del pesar;Si amor aún al corazón inspiras,Es un amor sin esperanza ya.
¡Ay, lucero! yo te viResplandecer en mi frente,Cuando palpitar sentíMi corazón dulcementeCon amante frenesí.
Tu faz entonces lucíaCon más brillante fulgor,Mientras yo me prometíaQue jamás se apagaríaPara mí tu resplandor.
¿Quién aquel brillo radiante¡Oh lucero! te robó,Que oscureció tu semblante,Y a mi pecho arrebatóLa dicha en aquel instante?
¿O acaso tú siempre asíBrillaste y en mi ilusiónYo aquel esplendor te di,Que amaba mi corazón,Lucero, cuando te vi?
Una mujer adoréQue imaginara yo un cielo;Mi gloria en ella cifré,Y de un luminoso veloEn mi ilusión la adorné.
Y tú fuiste la aureolaQue iluminaba su frente,Cual los aires arrebolaEl fúlgido sol naciente,Y el puro azul tornasola.
Y, astro de dicha y amores,Se deslizaba mi vidaA la luz de tus fulgores,Por fácil senda florida,Bajo un cielo de colores.
Tantas dulces alegrías,tantos mágicos ensueños,¿Dónde fueron?Tan alegres fantasías,Deleites tan halagüeños,¿Qué se hicieron?
Huyeron con mi ilusiónPara nunca más tornar,Y pasaron,Y sólo en mi corazónRecuerdos, llanto y pesar¡Ay! dejaron.
¡Ah lucero! tú perdisteTambién tu puro fulgor,Y lloraste;También como yo sufriste,Y el crudo arpón del dolor¡Ay! probaste.
¡Infeliz! ¿por qué volvíDe mis sueños de venturaPara hallarLuto y tinieblas en ti,Y lágrimas de amarguraQue enjugar?
Pero tú conmigo lloras,Que eres el ángel caídoDel dolor,Y piedad llorando imploras,Y recuerdas tu perdidoResplandor.
Lucero, si mi quebrantoOyes, y sufres cual yo,¡Ay! juntemosNuestras quejas, nuestro llanto:Pues nuestra gloria pasó,Juntos lloremos.
Mas hoy miro tu luz casi apagada,Y un vago padecer mi pecho siente;Que está mi alma de sufrir cansada,Seca ya de las lágrimas la fuente.
¡Quién sabe!... tú recordarás acasoOtra vez tu pasado resplandor,A ti tal vez te anunciará tu ocasoUn Oriente más puro que el del sol.
A mí tan sólo penas y amarguraMe quedan en el valle de la vida;Como un sueño pasó mi infancia pura,Se agosta ya mi juventud florida.
Astro sé tú de candidez y amoresPara el que luz te preste en su ilusión,Y ornado el porvenir de blancas flores,Sienta latir de amor su corazón.
Yo indiferente sigo mi caminoA merced de los vientos y la mar,Y entregado en los brazos del destino,Ni me importa salvarme o zozobrar.