Calma en el mar

1825

El cielo está puro,La noche tranquila,Y plácida reinaLa calma en el mar.En su campo inmensoEl aire dormidoLa flámula inmóvilNo puede agitar.

Ninguna brisaLleva las velas,Ni alza las ondasViento vivaz.En el orienteDébil meteoroBrilla y disípaseLeve, fugaz.

Su ebúrneo semblanteNos muestra la lunaY en torno la ciñeCorona de luzEl brillo serenoArgenta las nubes,Quitando á la nocheSu pardo capuz.

Y las estrellas,Cual puntos de oro,En todo el cieloVense brillar.Como un reflejoTerso, bruñido,Las luces trémulasRefleja el mar.

La calma profundaDe aire, mar y cielo,Al ánimo inspiraDulce meditar.Angustias y afanesDe la triste vida,Mi llagado pechoQuiere descansar

Astros eternos,Lámparas dignas,Que ornáis el temploDel Hacedor;Sedme la imagenDe su grandeza,Que lleve al ánimaSanto pavor.

¡Oh piloto! la nave prepara,Á seguir tu derrota disponte,Que en el puro lejano horizonteSe levanta la brisa del sur:Y la zona que oscura lo ciñe,Cual la luz presurosa se tiende,Y del mar, cuyo espejo se hiendeMuy más bello parece el azul.

De la obra poética de José María Heredia, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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