A Eloy Escobar

Flores del destierro, 1885

No sabe el sol cuando asomaCuántas tristezas alumbra;Ni el amigo cuando pasaCallado por mi vetustaPuerta, —cuánta devorantePena recia mi alma enluta,—Ni cuánta del mar revueltoViene al labio amarga espuma.No tiene su querellosaFlautilla cuando modulaMás que quejas de la tierra,Memorias del cielo augustas,—Son más tristes que el que muevenDentro del ánima turbiaRemembranzas del pasadoBien que en ruinas se sepulta,Y la tibia frente oreanCon el aire de las tumbas.Ni sabe Orestes ingratoComo a Pílades conturbanDe una niña que se quejaCerca de él, las voces puras,—Cuando las pálidas manosDe las que amantes las buscan,Temerosa de que el vuelo—Al cielo le estorben, ¡hurta!—¡Oh! no sabe el excelenteVarón que el solar ilustraDonde en el cráter de un mundoOtro mundo se derrumba,—Cuánto el que a la falda llegaDel monte verde, en penuriasDe alma se aflige, y sollozaCon voces de fiera angustiaQue muerde más, por callada,Y por sola, más asusta.No de bellaco injuiciosoEl triste Pílades cura;—Ni de cabos, ni de condes,Que el hado resuelto encumbra;Ni de esas aves viajerasQue con blanda estrofa arrullanCuando al casto sol de gloriaO al vivo sol de fortunaCual en torno al mástil suelenEn los mares, blancos sulas—Del glorioso o rico en tornoEn corte espesa se juntan,Para volar con los solesDonde nuevas albas luzcan.Mas si de Petrus in cunctisY de fascinables turbas,Y de máximos señoresVivo en venturosa incuria,No así de la noble estimaDel varón de ánima justaQue con alta lengua y hechosEl solar nativo ilustra.—Llegue el triste, del más tristeA alegrar la casa oscura:Llegue con su barba luengaY su rica fabla culta,Que va mansa, cual de oroArroyo en cuyas espumasRozasen las pintadillasAlas mariposas fúlgidas.Suelta den al padre hidalgoEl coro alegre de purasHijas que con invisiblesBesos le cercan y escudan,—Y a su paso atentas viertenDe melancólicas urnas,Blandas esencias de floresQue la atmósfera perfuman.Deje la jaula dorada:Venga a la de hierro dura:Entienda las que no salenA la faz lágrimas turbias:Riendecilla traiga de oroCon su rica fabla culta,Que el rebelde tigre embridenQue en mí clava garra ruda.Y cuando el zaguán estrechoTrasponga de la vetustaCasa que de Dios lo ha sidoY del Dios que hoy priva y cura,Y de tristes bardos muertos,Y bardos, de muerte en busca,Se abrirán de los naranjosDel patio añejo en la cúpulaBlancos jazmines, gemelosDe los que adornan mi pluma,Ora que el alma encaminoAl varón de tierra fúlgida.

De «Flores del destierro» (1885, póstumo). Texto cotejado con las Obras Completas (CLACSO), Poesía I. Epígrafe: «A Orestes, — Pílades».

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.