A la palabra

Flores del destierro, 1885

Alma que me transportas:Voz desatadaQue a las almas ajenasLlevas mi alma;Cinta, cinta de fuegoQue pura y raudaA los sueltos humanosAlegras y atas;—Pastora, y pastorcillaEnamorada.Que junto al blanco y húmedoRebaño canta;Árabe, fiero—Que en su doradaHacanea pareceVolante llama;—León, león rugienteDe la montañaQue como alud de oroAl valle baja,—Y en el villano impuroLa garra clava,—Y en el dormido alumbraEl sol del alma;—Lira, lira imponenteEn la más altaCúspide de la tierraSerena, alzada,—En dos troncos de roblesCorvos las blandasCuerdas mordiendo, y trenzasDe rosas blancasDe los hilos sonorosSueltas al aura,Cantando con pasmosasHercúleas cántigas,De los dioses del cieloY tierra, hazañas,Y en himnos sin medida,Como las almas,Esparciendo a las nubesLa esencia humana,Que en lento giro asciendeDe la batalla.

De «Flores del destierro» (1885, póstumo). Texto cotejado con las Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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