Dormida

Versos de amor, 1878

Más que en los libros amargosEl estudio de la vida,Pláceme en dulces letargos,Verla dormida:—

De sus pestañas al pesoEl ancho párpado entorna,Lirio que, al sol que se torna,Se cierra pidiendo un beso.

Y luego como fraganteMagnolia que desenvuelveSus blancas hojas, revuelveEl tenue encaje flotante:—

De mi capricho al vagarImagínala mi Amor,¡Una Venus del pudorSurgiendo de un nuevo mar!

Cuando la lámpara vagaEn este templo de amores,Con sus blandos resplandoresMás que la alumbra, la halaga;

Cuando la ropa ligeraSobre su cutis rosado,Ondula como el aladoPabellón de Primavera;

Cuando su seno desnudo,Indefenso, a mi respetoPone más valla que el petoDe bravo guerrero rudo;

Siento que puede el amor,Dormida y desnuda al verla,Dejar perla a la que es perla,Dejar flor a la que es flor;—

Sobre sus labios podríaLos labios míos posar,Y en su seno reclinarLa pobre cabeza mía,—

Y con mi aliento volverMariposa a la crisálida;Y a la clara rosa pálidaAnimar y enrojecer,

Pero aquí, desde la sombraDonde amante la contemplo,Manchar no quiero del temploCon paso impuro la alfombra.

Al acercarme, en ligeraProcesión avergonzado,¿No volaría el aladoPabellón de Primavera?

¡Ah! reflejarme el espejo,Que la copia entre albas hojas,Negras las tornara y rojasDe la lámpara al reflejo!

Dicen que suele volarPor los espacios perdidaEl alma, y en otra vidaSus alas puras bañar;

Dicen que vuelve a venirA su cuerpo con la Aurora,Para volver—¡la traidora!—Con cada noche a partir,

Y si su espíritu en ledaBeatitud los cielos hiende,De esa mujer que se extiendeBella ante mí ¿qué me queda?Blanco cuerpo, línea fría,Molde hueco, vaso roto,¡Y viajera por lo ignotoLa luz que los encendía!

Y ¿a mí que tanto te quiero,Delicada peregrina,Turbar la marcha divinaDe tu espíritu viajero?—

¡Duerme entre tus blancas galas!¡Duerme, mariposa mía!Vuela bien:—¡mi mano impíaNo irá a cortarte las alas!

De «Versos de amor» de José Martí (1878, póstumo). Texto cotejado con las Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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