Envilece, devora…

Flores del destierro, 1885

Envilece, devora, enferma, embriagaLa vida de ciudad: se come el ruido,Como un corcel la yerba, la poesía.Estréchanse en las casas la apretadaGente, como un cadáver en su nicho:Y con penoso paso por las callesPardas, se arrastran hombres y mujeresTal como sobre el fango los insectos,Secos, airados, pálidos, canijos.

Cuando los ojos, del astral palacioDe su interior, a la ciudad convierteEl alma heroica, no en batallas grandesPiensa, ni en templos cóncavos, ni en lidesDe la palabra centelleante: piensaEn abrazar, como un haz, los pobresY adonde el aire es puro, y el sol claroY el corazón no es vil, volar con ellos.

De «Flores del destierro» (1885, póstumo). Texto cotejado con las Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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