Pollice verso
Versos libres, 1882
¡Sí! ¡yo también, desnuda la cabezaDe tocado y cabellos, y al tobilloUna cadena lurda, heme arrastradoEntre un montón de sierpes, que revueltasSobre sus vicios negros, parecíanEsos gusanos de pesado vientreY ojos viscosos, que en hedionda cubaDe pardo lodo lentos se revuelcan!Y yo pasé, sereno entre los viles,Cual si en mis manos, como en ruego juntas,Las anchas alas púdicas, abrieseUna paloma blanca. Y aún me aterroDe ver con el recuerdo lo que he vistoUna vez con mis ojos. Y espantado,¡Póngome en pie, cual a emprender la fuga!¡Recuerdos hay que queman la memoria!¡Zarzal es la memoria; mas la míaEs un cesto de llamas! A su lumbreEl porvenir de mi nación preveo.Y lloro. Hay leyes en la mente, leyesCual las del río, el mar, la piedra, el astro,Asperas y fatales: ese almendroQue con su rama oscura en flor sombreaMi alta ventana, viene de semillaDe almendro; y ese rico globo de oroDe dulce y perfumoso jugo llenoQue en blanca fuente una niñuela cara,Flor del destierro, cándida me brinda,Naranja es, y vino de naranjo.Y el suelo triste en que se siembran lágrimas,Dará árbol de lágrimas. La culpaEs madre del castigo. No es la vidaCopa de mago que el capricho tornaEn hiel para los míseros, y en férvidoTokay para el feliz. La vida es grave.Y hasta el pomo ruin la daga hundida,Al flojo gladiador clava en la arena.
¡Alza, oh pueblo, el escudo, porque es graveCosa esta vida, y cada acción es culpaQue como aro servil se lleva luegoCerrado al cuello, o primero generosoQue del futuro mal próvido libra!¿Veis los esclavos? ¡Como cuerpos muertosAtados en racimo, a vuestra espaldaIrán vida tras vida, y con las frentesPálidas y angustiosas, la sombríaCarga en vano halaréis, hasta que el vientoDe nuestra pena bárbara apiadado,Los átomos postreros evapore!¡Oh, qué visión tremenda! ¡Oh, qué terribleProcesión de culpables! Como en llanoNegro los miro, torvos, anhelosos,Sin fruta el arbolar, secos los píosBejucos, por comarca funeraria¡Donde ni el sol da luz, ni el árbol sombra!¡Y bogan en silencio, como en magnoOcéano sin agua, y a la frentePorción del Universo frase unidaA frase colosal, sierva ligadaA un carro de oro, que a los ojos mismosDe los que arrastra en rápida carreraOcúltase en el áureo polvo, siervaCon escondidas riendas ponderosasA la incansable eternidad atada!
Circo la tierra es, como el romano;Y junto a cada cuna una invisiblePanoplia al hombre aguarda, donde lucen,Cual daga cruel que hiere al que la blandeLos vicios, y cual límpidos escudosLas virtudes: la vida es la ancha arena,Y los hombres esclavos gladiadores.Mas el pueblo y el rey, callados miranDe grada excelsa, en la desierta sombra.¡Pero miran! Y a aquel que en la contiendaBajó el escudo, o lo dejó de lado,O suplicó cobarde, o abrió el pechoLaxo y servil a la enconosa dagaDel enemigo, las vestales rudas,Desde el sitial de la implacable piedra,Condenan a morir, pollice verso;¡Llevan, cual yugo el buey, la cuerda uncida,Y a la zaga, listado el cuerpo flacoDe hondos azotes, el montón de siervos!
¿Veis las carrozas, las ropillas blancasRisueñas y ligeras, el lucienteCorcel de crin trenzada y riendas ricas,Y la albarda de plata suntuosaPrendida, y el menudo zapatilloCárcel a un tiempo de los pies y el alma?¡Pues ved que los extraños os desdeñanComo a raza ruin, menguada y floja!