Tálamo y cuna
Flores del destierro, 1885
«Deja ¡oh mi esposo! la labor cansadaQue tus hermosas fuerzas aniquila.Y ven bajo la bóveda tranquilaDe nuestro lecho azul, con tu adorada.»Y alcé los ojos de mi libro, y vilaDe susto y de dolor enajenada.
«Secos y rojos del trabajo al peso,Tus ojos mira» —pálida me dijo:«¡Duerme!» —y me puso en la mirada un beso.Hacia la cuna trémulo dirijoMi vista ansiosa, y vuelvo al tosco impreso:¡No ha derecho a dormir quien tiene un hijo!