Nocturno a Rosario

1873

¡Pues bien!, yo necesitodecirte que te adoro,decirte que te quierocon todo el corazón;que es mucho lo que sufro,que es mucho lo que lloro,que ya no puedo tanto,y al grito que te implorote imploro y te hablo en nombrede mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepasque ya hace muchos díasestoy enfermo y pálidode tanto no dormir;que ya se han muerto todaslas esperanzas mías,que estan mis noches negras,tan negras y sombrias,que ya no sé ni dóndese alzaba en porvenir.

De noche cuando pongomis sienes en la almohada,y hacia otro mundo quieromi espíritu volver,camino mucho, muchoy al fin de la jornadalas formas de mi madrese pierden en la nada,y tú de nuevo vuelvesen mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besosjamás han de ser míos;comprendo que en tus ojosno me he de ver jamás;y te amo, y en mis locosy ardientes desvaríosbendigo tus desdenes,adoro tus desvíos,y en vez de amarte menoste quiero mucho más.

A veces pienso en dartemi eterna despedida,borrarte en mis recuerdosy huir de esta pasión;mas si es en vano todoy mi alma no te olvida,¿qué quieres tú que yo hagapedazo de mi vida?¿qué quieres tú que yo hagacon este corazón?

Y luego que ya estabaconcluido el santuario,la lámpara encendidatu velo en el altar,el sol de la mañanadetrás del campanario,chispeando las antorchas,humeando el incensario,y abierta allá a lo lejosla puerta del hogar...

¡Que hermoso hubiera sidovivir bajo aquel techo.los dos unidos siemprey amándonos los dos;tú siempre enamorada,yo siempre satisfecho,los dos, un alma sola,los dos, un solo pecho,y en medio de nosotrosmi madre como un Díos!

¡Figúrate qué hermosaslas horas de la vida!¡Qué dulce y bello el viajepor una tierra así!Y yo soñaba en eso,mi santa prometida,y al delirar en esocon alma estremecida,pensaba yo en ser buenopor ti, no más por ti.

Bien sabe Díos que ese erami más hermoso sueño,mi afán y mi esperanza,mi dicha y mi placer;¡bien sabe Díos que en nadacifraba yo mi empeño,sino en amarte muchoen el hogar risueñoque me envolvió en sus besoscuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza...mas ya que a sus fulgoresse opone el hondo abismoque existe entre los dos,¡adiós por la última vez,amor de mis amores;la luz de mis tinieblas,la esencia de mis flores,mi lira de poeta,mi juventud, adiós!

De la obra poética de Manuel Acuña, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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