Resignación

1873

¡Sin lágrimas, sin quejas,sin decirlas adiós, sin un sollozo!cumplamos hasta lo último. . . la suertenos trajo aquí con el objeto mismo,los dos venimos a enterrar el almabajo la losa del escepticismo.Sin lágrimas... las lágrimas no puedendevolver a un cadáver la existencia;que caigan nuestras flores y que rueden,pero al rodar, siquiera que nos quedenseca la vista y firme la conciencia.¡Ya lo ves! para tu alma y para mi almalos espacios y el mundo están desiertos...los dos hemos concluido,y de tristeza y aflicción cubiertos,ya no somos al fin sino dos muertosque buscan la mortaja del olvido.Niños y soñadores cuando apenasde dejar acabábamos la cuna,y nuestras vidas al dolor ajenasse deslizaban dulces y serenascomo el ala de un cisne en la lagunacuando la aurora del primer cariñoaún no asomaba a recoger el veloque la ignorancia virginal del niñoextiende entre sus párpados y el cielo,tu alma como la mía,en su reloj adelantando la horay en sus tinieblas encendiendo el día,vieron un panorama que se abríabajo el beso y la luz de aquella aurora;y sintiendo al mirar ese paisajelas alas de un esfuerzo soberano,temprano las abrimos, y tempranonos trajeron al término del viaje.Le dimos a la tierralos tintes del amor y de la rosa;a nuestro huerto nidos y cantares,a nuestro cielo pájaros y estrellas;agotamos las flores del caminopara formar con ellasuna corona al ángel del destino...y hoy en medio del triste desacuerdode tanta flor agonizante o muerta,ya sólo se alza pálida y desiertala flor envenenada del recuerdo.Del libro de la vidala que escribimos hoy es la última hoja...cerrémoslo en seguida,y en el sepulcro de la fe perdidaenterremos también nuestra congoja.Y ya que el cielo nos concede que estede nuestros males el postrero sea,para que el alma a descansar se apreste,aunque la última lágrima nos cueste,cumplamos hasta el fin con la tarea.Y después cuando al ángel del olvidohayamos entregado estas cenizasque guardan el recuerdo adoloridode tantas ilusiones hechas trizasy de tanto placer desvanecido,dejemos los espacios y volvamosa la tranquila vida de la tierra,ya que la noche del dolor tempranase avanza hasta nosotros y nos cierralos dulces horizontes del mañana.Dejemos los espacios, o si quieresque hagamos, ensayando nuestro aliento,un nuevo viaje a esa región benditacuyo sólo recuerdo resucitaal cadáver del alma al sentimiento,lancémonos entonces a ese mundoen donde todo es sombras y vacío,hagamos una luna del recuerdosi el sol de nuestro amor está ya frío;volemos, si tu quieres,al fondo de esas mágicas regiones,y fingiendo esperanzas e ilusiones,rompamos el sepulcro, y levantandonuestro atrevido y poderoso vuelo,formaremos un cielo entre las sombras,y seremos los duendes de ese cielo.

De la obra poética de Manuel Acuña, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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