La santa realidad

1846

¡Inés! Tú no comprendes todavíael ser de muchas cosas.¿Como quieres tener en tu alquería,si matas los gusanos, mariposas?

Cultivando lechugas Diocleciano,ya decía en Salermoque no halla mariposas en veranoel que mata gusanos en invierno.

¿Por qué hacer a lo real tan cruda guerra,cuando dan sin medidaalmas al cielo y flores a la tierralas santas impurezas de la vida?

Mientras ven con desprecio tus miradaslas larvas de un pantano,el que es sabio, sus perlas más preciadaspesca en el mar del lodazal humano.

Tu amor a lo ideal jamás toleralos insectos, por viles.¡Qué error! ¡Sería estéril, si no fuerael mundo un hervidero de reptiles!

El despreciar lo real por lo soñado,es una gran quimera;en toda evolución de lo creadola materia al bajar sube a su esfera.

Por gracia de las leyes naturalesse elevan hasta el cielocuando logran tener los idealesla dicha de arrastre por el suelo.

Tú dejarás las larvas en sus nidoscuando llegue ese díaen que venga a abrasarte los sentidosel demonio del sol de mediodía.

Vale poco lo real, pero no creasque vale más tampocoel hombre que, aferrado a las ideas,estudia para sabio y llega a loco.

Tú adorarás lo real cuando, instruidaen el saber de las cosas,acabes por saber que en esta vidano puede haber, sin larvas, mariposas.

¡Piensa que Dios, con su divina manobendijo lo sensible,el día que, encarnándose en lo humano,lo visible amasó con lo invisible!

De la obra poética de Ramón de Campoamor, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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