El fantasma

1895

¡Señor, tenme piedad, aunque a ti clamesin fe! ¡perdona que te niegue o riñay el ara tienda con bochorno infame!

Vuelvo al antiguo altar. ¡No en vano ciñaguirnaldas a un león y desparrameriego que pueda prosperar tu viña!

¡Líbrame por merced, como te plugoa Bautista y Apóstol en Judea,ya que no me suicido ni me fugo!

¡Inclínate al cautivo que flaquea;y salvo, como Juan por el verdugo,o como Pedro por el ángel sea!

Habito un orco infecto; y en el mantoresulto cebo a chinche y pulga y piojo;¡y afuera el odio calumnia en tanto!

¿Qué mal obré para tamaño enojo?El honor del poeta es nimbo santo¡y la sangre de un vil es fango rojo!

Mi pobre padre cultivó el desierto.Era un hombre de bien, un sabio artista,y de vergüenza y de pesar ha muerto!

¡Oh mis querubes! ¡Con turbada vistacolumbro ahora el celestial e inciertogrupo que aguarda, y a quien todo atrista!

¡Y oigo un sordo piar de nido en rama,un bullir de polluelos ante azores;y el soplado tizón encumbra llama!

¡Dios de Israel, acude a mis amores:y rían a manera de la grama,que hasta batida por los pies da flores!

De la obra poética de Salvador Díaz Mirón, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.