Idilio

1901

A tres leguas de un puerto bullenteque a desbordes y grescas anima,y al que a un tiempo la gloria y el climaadornan de palmas la frente,hay un agrio breñal, y en la cimade un alcor un casucho acubado,que de lejos diviso a menudo,y rindiéndose apoya un costadoen el tronco de un mango copudo.

Distante, la choza resulta monteracon borla y el sesgo cobre una mollera.

El sitio es ingrato, por fétido y hosco.El cardón, el nopal y la ortigaprosperan; y el aire trasciende a boñiga,a marisco y a cieno; y el moscopulula y hostiga.

La flora es enérgica paraque indemne y pujante soportela furia del soplo del Norte,que de octubre a febrero no es rara,Y la pródiga lumbre febea,que de marzo a septiembre caldea.

El Oriente se inflama y colora,como un ópalo inmenso en un lampo,y difunde sus tintes de aurorapor piélago y campo.Y en la magia que irisa y corusca,una perla de plata se ofusca.

Un prestigio rebelde a la letra,un misterio inviolable al idioma,un encanto circula y penetray en el alma es edénico aroma.Con el juego cromático gira,en los pocos instantes que dura;y hasta el pecho infernado respiraun olor de inocencia y ventura.¡Al través de la trágica Historia,un efluvio de antigua bonanzaviene al hombre, como una memoria,y acaso como una esperanza!

El ponto es de azogue y apenas palpita.Un pesado alcatraz ejercitasu instinto de caza en la fresca.Grave y lento, discurre al soslayo,escudriña con calma grotesca,se derrumba cual muerto de un rayo,sumérgese y pesca.

Y al trotar de un rocín flaco y mocho,un moreno, que ciñe moruna,transita cantando cadente tontunade baile jarocho.

Monótono y acre gangueo,que un pájaro acalla, soltando un gorjeo.

Cuanto es mudo y selecto en la hora,en el vasto esplendor matutino,halla voz en el ave canora,¡vibra y suena en el chorro del trino!

Y como un monolito pagano,un buey gris en un yermo altozanomira fijo, pasmado y absorto,la pompa del orto.

Y a la puerta del viejo bohíoque oblicuando su ruina en la lomase recuesta en el árbol sombrío-,una rústica grácil asoma,como una paloma.

Infantil por edad y estatura,sorprende ostentando sazón prematura:elásticos bultos de tetas opimas;y a juzgar por la equívoca traza,¡no semeja sino una rapazaque reserva en el seno dos limas!

Blondo y grifo e inculto el cabello,y los labios turgentes y rojos,y de tórtola el garbo del cuello,y el azul del zafiro en los ojos.Dientes albos, parejos, enanos,que apagado coral prende y liga,que recuerdan, en curvas de granos,el maiz cuando tierno en la espiga.La nariz es impura, y atestauna carne sensual e impetuosa;y en la faz, a rigores expuesta,la nieve da en ámbar, la púrpura en rosa,y el júbilo es gracia sin veloy en cada carrillo produce un hoyuelo.

La payita se llama Sidonia.Llegó a México en una barriga:en el vientre de infecta mendigaque, del fango sacada en Bolonia,formó parte de cierta coloniay acabó de miseria y fatiga.

La huérfana ignara y creyentebusca sólo en los cielos el rastro;y de noche imagina que sientebesos ¡ay! en los hilos de un astro.¿Que ilusión es tan dulce y hermosa?Dios le ha dicho: ¡"Sé plácida y bella;y en el duelo que marque una fosapor la fe que contemple una estrella"!¿Quién no cede al consuelo que olvida?La piedad es un santo remedio;y después, el ardor de la vidaurge y clama en la pena y el tedioy al tumulto y al goce convida.De la zafia el pesar se distrae-,desplome de polvo y ascenso de nube.¡Del tizón la ceniza que caey el humo que sube!

La madre reposa con sueño de piedra.La muchacha medra.

Y por siembras y apriscos divagacon su padre, que duda de serlo;y el infame la injuria y estragay la triste se obstina en quererlo.Llena está de pasión y de bruma,tiene ley en un torpe atavismo,y es el cierzo del mal una pluma...¡Oh pobreza! ¡Oh incuria! ¡Oh abismo!

Vestida con sucios jirones de paño,descalza y un lirio en la greña,la pastora gentil y risueñacamina detrás del rebaño.

Radioso y jovial firmamento.Zarcos fondos, con blancos celajescomo espumas y nieves al vientoesparcidas en copos y encajes.

Y en la excelsa y magnífica fiesta,y cual mácula errante y funesta,un vil zopilote resbala,tendida e inmóvil el ala.

El Sol meridiano fulgura,suspenso en el Toro;y el paisaje, con varia verdura,parece artificio de talla y pintura,según está quieto en el oro.

El fausto del orbe sublimerutila en urgente sosiego;y un derribo de paz y de fuegobaja y cunde y escuece y oprime.

Ni céfiro blando que aliente, que rase,que, corra, que pase.

Entre dunas aurinas que otean-,tapetes de grama serpean,cortados a trechos por brazos hostiles,que muestran espinas y ocultan reptiles.Y en hojas y tallos un brillo de aceitesimula un afeite.

La luz torna las aguas espejos;y en el mar sin arrugas ni ruidosreverbera con tales reflejos,que ciega, causando vahidos.

El ambiente sofoca y escalda;y encendida sudando, la chicase despega y sacude la falda,y así se abanica.

Los guiñapos revuelan en ondas...La grey pace y trisca y ahogándose tarda.Y al amparo de umbráticas frondasla palurda se acoge y resguarda.

Y un borrego con gran cornamentay pardos mechones de lana mugrienta,y una oveja con bucles de armiño-,la mejor en figura y aliño-,se copulan con ansia que tienta.

La zagala se turba y empina...y alocada en la fiebre del celo,lanza un grito de gusto y de anhelo...¡Un cambujo patán se avecina!

Y en la excelsa y magnífica fiesta,y cual mácula errante y funesta,un vil zopilote resbala,tendida e inmóvil el ala.

De Lascas (1901) de Salvador Díaz Mirón, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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