Versos sencillos, XXVII

1891

El enemigo brutalNos pone fuego a la casa;El sable la calle arrasa,A la luna tropical.

Pocos salieron ilesosDel sable del español;La calle, al salir el sol,Era un reguero de sesos.

Pasa, entre balas, un coche:Entran, llorando, a una muerta;Llama una mano a la puertaEn lo negro de la noche.

No hay bala que no taladreEl portón; y la mujerQue llama, me ha dado el ser;Me viene a buscar mi madre.

A la boca de la muerte,Los valientes habanerosSe quitaron los sombrerosAnte la matrona fuerte.

Y después que nos besamosComo dos locos, me dijo:"Vamos pronto, vamos, hijo;La luna está sola: vamos."

De «Versos sencillos» (1891). Texto de dominio público (Wikisource).

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