Versos sencillos, XXXIII

1891

De mi desdicha espantosaSiento, ¡oh estrellas!, que muero;Yo quiero vivir, yo quieroVer a una mujer hermosa.

El cabello, como un casco,Le corona el rostro bello:Brilla su negro cabelloComo un sable de Damasco.

¿Aquélla? ...Pues pon la hielDel mundo entero en un haz,Y tállala en cuerpo, y haz,Un alma entera de hiel!

¿Esta?... Pues ésta infelizLleva escarpines rosados,Y los labios colorados,Y la cara de barniz.

El alma lúgubre grita:"¡Mujer, maldita mujer!"¡No sé yo quién pueda serEntre las dos la maldita!

De «Versos sencillos» (1891). Texto de dominio público (Wikisource).

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